Una generación entera dejó de leer periódicos impresos, pero no dejó de informarse. Solo que ahora lo hace en plataformas que no fueron diseñadas para periodismo, con herramientas que no están reguladas, y frente a un panorama de desconfianza sin precedentes. El Digital News Report 2026, publicado en junio por el Reuters Institute de la Universidad de Oxford, dibujó un mapa claro de esta fractura.
Los números que lo explican
El informe, basado en encuestas a 95 mil personas en 48 países, registra un dato histórico: por primera vez, las redes sociales y las plataformas de video superan a la televisión y a los sitios de medios como fuentes de noticias a nivel global. El 54% de todos los encuestados recurre a redes sociales o plataformas de video para informarse, frente al 51% que usa sitios o aplicaciones de medios de comunicación.
Entre los jóvenes de 18 a 24 años, la tendencia es más aguda. El 52% de ese grupo considera que las redes sociales, las plataformas de video y los asistentes de inteligencia artificial son su forma principal de acceder a noticias. Solo el 6% recurre a impresos, frente al 36% de los mayores de 55 años que aún consulta un periódico al menos una vez por semana.
La participación varía por generación. El 85% de los mayores de 55 años consume noticias a diario, frente al 64% de los de 18 a 24 años. Pero el dato más revelador es otro: el 56% de los jóvenes de 18 a 24 años que no leyeron un periódico la semana pasada dicen que nunca lo han hecho con regularidad. No se trata de una ruptura gradual. Hay un corte generacional.
«Resulta irónico que la gente recurra cada vez más a plataformas en las que confía menos» — Jim Egan, director del Reuters Institute de la Universidad de Oxford, citado por DW.
La crisis de confianza
La desconfianza no es nueva, pero los datos del 2026 la sitúan en su punto más bajo desde que se empezó a medir en 2015. Solo el 37% de los encuestados a nivel global confía en la mayoría de las noticias o en las noticias que consume. El 70% piensa que los medios cubren demasiado el espectáculo, el político o el de celebridades.
La desinformación es parte del problema. Según Verificat, se distingue entre información errónea (sin intención de engañar), desinformación (con intención deliberada) y malinformación (información real usada fuera de contexto para dañar). El 28% de los encuestados del DNR 2026 dice que se encontró con información falsa sobre política en la última semana. En Brasil, Chile, México y Perú ese dato supera el 60%.
Las plataformas tienen un papel central. El 51% de los jóvenes entre 18 y 34 años prestan más atención a creadores de contenido individuales que a las marcas de medios de comunicación. Los noticieros de televisión siguen siendo más relevantes que las marcas de medios en general, pero la ventaja se reduce rápidamente. El tráfico de búsquedas de Google hacia sitios de noticias cayó un 33% a nivel global desde 2023, y los consumidores de noticias en redes sociales no hacen clic en los enlaces de las publicaciones.
En el frente de la verificación, organizaciones como Animal Político (en alianza con Chequeado de Argentina), Verificat en Cataluña y diverse redacciones en México y América Latina trabajan para contrarrestar la desinformación. Pero la velocidad de difusión sigue superando a la de los chequeos.
México: programas que forman nuevas voces
En este panorama, varios programas en México apuntan en la dirección contraria: formar periodistas jóvenes con herramientas éticas y técnicas para el entorno digital.
La Unidad de Investigaciones Periodísticas (UIP) de la UNAM lleva siete generaciones formando periodistas bajo una metodología de laboratorio, con asesores experimentados que acompañan cada paso del proceso investigativo. Los 22 estudiantes seleccionados reciben una beca mensual de 2 mil 200 pesos y trabajan bajo los principios del periodismo social: recuperar la memoria colectiva, promover la participación ciudadana y garantizar el acceso a la información. Las líneas temáticas incluyen juventud, cultura de paz, inteligencia artificial, medio ambiente, derechos humanos y migración.
CNN Academy, en colaboración con Santander, ofrece un curso gratuito de 40 horas en línea, abierto a todos los mexicanos mayores de 18 años. Son 13 módulos que cubren ética periodística, periodismo móvil (MOJO), verificación, OSINT (inteligencia de fuentes abiertas) e inteligencia artificial aplicada. Los alumnos desarrollan un proyecto multimedia que integra las herramientas adquiridas.
En Guadalajara, ZonaDocs lanzó su segunda generación de formación de periodistas jóvenes en derechos humanos. Treinta y tres jóvenes de Jalisco y Nayarit reciben mentoría de los principales proyectos de periodismo de derechos humanos en México, con el respaldo de la SIDH/CAINE y la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.
La Universidad de Guadalajara sumó un nuevo Corresponsal Gaceta con 29 estudiantes que publican en medios comunitarios como radio, prensa y televisión, con becas mensuales. En Yucatán, el programa Xe'ek de Voces del Sejuve selecciona a 15 jóvenes de 18 a 29 años para formación en creación de contenido, ética y oratoria, con beca mensual de 3 mil 750 pesos y presencia en medios locales.
A nivel regional, el MásterLAB de Quinto Elemento Lab forma a editores de investigaciones periodísticas. Desde 2021, más de 100 profesionales de 66 medios en 19 estados mexicanos y 5 países latinoamericanos han pasado por sus talleres. La Red El Faro, por su parte, lleva más de 15 años trabajando con jóvenes de Centroamérica en proyectos de periodismo vinculados a los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
La otra cara: un periodismo bajo amenaza
La formación de nuevos periodistas choca con una realidad que el informe de Reporteros Sin Fronteras (RSF) de 2026 describe sin ambigüedades. La situación global de la libertad de información es la peor en los últimos 25 años. Más del 50% de los países del mundo están en una situación "difícil" o "muy grave" para la libertad de prensa. En América Latina, la caída ha sido significativa.
El indicador que más se deterioró en la última década es el legal: el 60% de los países no garantiza el derecho al periodismo. Esto implica desde leyes que criminalizan el ejercicio del oficio hasta procesos judiciales prolongados que funcionan como mecanismo de intimidación. RSF lo llama "criminalización global del periodismo".
En México, el contexto es particular. El país figura entre los más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo. Las amenazas, la impunidad y las condiciones laborales precarias definen el panorama. Un reportero de Animal Político lo resume así: el periodismo investigative sigue siendo necesario, pero las condiciones para hacerlo no mejoran.
La comunidad católica no es ajena a esta problemática. La Doctrina Social de la Iglesia reconoce la libertad de prensa como derecho fundamental. La Encíclica Pacem in Terris (1963) la enumera entre los derechos del hombre, y la Pontificia Consejo para las Comunicaciones Sociales ha insistido en que el periodismo es un servicio al bien común, no solo una actividad económica.
Los retos que quedan
Los datos del DNR 2026 muestran una generación que consume información por video, prefiere creadores individuales a marcas mediáticas, y se acerca a la inteligencia artificial con más naturalidad que sus padres. Pero también una generación que desconfía, evita las noticias, y tiene menos interés en temas de actualidad que los mayores de 55 años.
Los programas de formación en México apuntan al vacío: periodismo móvil, herramientas digitales, verificación, ética. Pero la escala es reducida comparada con el tamaño del problema. Y el entorno de amenazas a la libertad de prensa no mejora.
«Al ofrecer una perspectiva conmemorativa de sus 25 años, RSF no se limita a mirar hacia atrás, sino que encara de lleno el futuro reflexionando sobre una pregunta sencilla: ¿hasta cuándo vamos a tolerar la asfixia del periodismo?»
— Reporteros Sin Fronteras, Informe Mundial de Libertad de Prensa 2026
El periodismo no desapareció. Se transformó. La pregunta es si la formación, la confianza y la protección legal alcanzan para que esa transformación termine en algo mejor, o en una expansión del vacío informativo que las redes sociales llenan con lo que más conviene a sus algoritmos.





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