La inteligencia artificial y la persona que está detrás
Tres reflexiones llegadas durante los últimos días abordan una misma pregunta desde lugares distintos: el empleo, la universidad y la empresa. La coincidencia no es casual. La inteligencia artificial ya no se discute como una novedad lejana; está transformando cómo se trabaja, cómo se estudia y cómo se compra y se vende. Y en los tres casos, la conclusión apunta a lo mismo: la tecnología puede cambiar muchas cosas, pero la decisión sobre cómo integrarla sigue siendo profundamente humana.
La inteligencia artificial y el trabajo: el coste invisible del progreso
El columnista y tecnólogo José Javier Sesma Fraguas recoge en El Español una historia cada vez menos excepcional: un profesional del sector tecnológico en Madrid fue despedido tras más de diez años en su empresa en el marco de una reestructuración "orientada a la automatización de procesos mediante inteligencia artificial". Grandes compañías reducen plantillas mientras incrementan su inversión en esta tecnología. La pregunta que emerge, escribe, es evidente: ¿menos recursos o menos personas?
El debate, advierte Sesma, no debería ser si la inteligencia artificial destruye o crea empleo. Toda revolución tecnológica genera, a medio plazo, nuevas oportunidades. El problema real es otro: el ritmo al que se produce el cambio y la capacidad de las personas para adaptarse a él. Detrás de cada porcentaje de eficiencia hay decisiones que afectan a vidas concretas, a trayectorias que se interrumpen, a familias que deben reorganizarse.
El autor cierra con una distinción que conviene conservar: reto no es tecnológico, sino social. Implica repensar la formación, reforzar las políticas de empleo y situar a la persona en el centro de la transformación. Porque si el progreso deja a parte de la sociedad atrás, deja de ser progreso.
La inteligencia artificial en la universidad: reinventarse para enseñar
La educación superior vive su propio sacudón. Según recoge Nova Ciencia, el 89 por ciento de los estudiantes universitarios reconoce el uso habitual de herramientas de inteligencia artificial en su rutina académica. Aplicaciones como ChatGPT, Gemini, generadores de presentaciones o herramientas de análisis de datos ya forman parte de la vida del aula, según el estudio Inteligencia Artificial y Universidad de la Fundación CYD.

La primera reacción de muchas instituciones fue la prohibición, pensando sobre todo en el fraude académico. Con el tiempo llegó el matiz: la pregunta ya no es si se debe permitir, sino cómo enseñar a utilizarla bien y qué papel conserva el docente.
Voces del ámbito universitario español lo plantean con franqueza. El exrector de la Universidad de Alicante y autor de El futuro de la IA, Andrés Pedreño, sostiene que la universidad "no es la del siglo XIX o la del XX, es una universidad digital", y reclama "cambios valientes" frente a instituciones que se han vuelto "diplodocus que se mueven lentamente". El director del Centro de Inteligencia Digital de Alicante, Manuel Palomar, propone pasar de preguntar qué sabe el alumno a qué sabe hacer con lo que conoce: si la IA resuelve ejercicios mejor que cualquier persona, la evaluación tradicional pierde sentido y hay que pedir razonamiento, presentaciones orales y trabajo en clase.
Hay experiencias que ya predicen por dónde camina el cambio. La Universidad de Jaén fue la primera del país en pedir a Google cuentas de pago para toda su comunidad universitaria, con un modelo propio llamado GenIA que forma a docentes y estudiantes, y que el propio gigante invitó a presentar en México, Reino Unido e Italia. Otras instituciones, como la Universidad de Málaga, prefieren una integración más prudente: reducir fraude, proteger datos y "poner en valor el papel de lo humano". Y once centros se han unido en ConfIA, la Red Interuniversitaria de Centros de Excelencia en Inteligencia Artificial Confiable y Responsable, para impulsar una IA alineada con los valores europeos.
La inteligencia artificial en la empresa: la paradoja de lo humano
El tercer ángulo llega desde la actividad empresarial. En una editorial de Business People, Vito Sinopoli plantea que hemos estado haciéndonos la pregunta equivocada. Importa menos discutir si la IA nos quitará el puesto; la cuestión decisiva es qué sucede cuando la inteligencia artificial empieza a decidir quién vende, quién compra y quién se queda fuera del mercado. La verdadera revolución, sostiene, está en las relaciones entre empresas y clientes.
Y aquí aparece una advertencia que conviene leer con calma: la inteligencia artificial no vuelve inútiles a las personas, sino a algunas actividades. Las empresas seguirán necesitando a quienes toman decisiones, construyen confianza, interpretan señales débiles del mercado, gestionan un cliente difícil o imaginan un producto que todavía no existe. Todo eso, dice Sinopoli, no cabe en un prompt.
Por eso su conclusión es una suerte de paradoja: cuanto más inteligentes se vuelven las máquinas, más depende el éxito de las organizaciones de cualidades profundamente humanas. Quien use la IA solo para recortar costes obtiene una ventaja a corto plazo; quien la use para liberar tiempo, desarrollar competencias y mejorar la calidad de las decisiones, construye una ventaja difícil de imitar.
La voz crítica que pide no confundir
Hay también quien pone en duda el propio nombre. El fundador del Proyecto GNU y padre del movimiento del software libre, Richard Stallman, sostiene que "la gente suele usar el término inteligencia artificial para cosas que no son inteligentes en absoluto". En una conferencia en el Instituto Tecnológico de Georgia, propuso llamar a estos sistemas inteligencia fingida: generan respuestas convincentes, pero no comprenden el significado de las palabras.
La advertencia de Stallman es práctica. Un gran modelo de lenguaje aprende regularidades en grandes colecciones de texto y calcula el fragmento que mejor encaja, como un autocompletado muy complejo. Puede resumir, traducir o redactar con fluidez, pero también puede afirmar con total seguridad datos que son falsos —lo que el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos llama "confabulación"—. Por eso una respuesta fluida no sustituye la comprobación de cifras, fuentes y contexto.
Leer la inteligencia artificial como lectura de lo humano
Las miradas recorridas —empleo, universidad, empresa y la voz crítica que pone en duda el propio nombre de la tecnología— convergen en el mismo punto que venimos conversando en COMFIL. La inteligencia artificial puede ampliar la educación y agilizar el trabajo, del mismo modo que ya está dentro de las redes sociales y sus oportunidades y riesgos. Pero la decisión sobre cómo usarla, a quién sirve y con qué criterio se introduce no la toma el algoritmo: la toma la persona.
Esto conecta con dos convicciones que acompañan nuestra comunicación. La primera, que las habilidades que el mercado busca no se reducen a lo técnico: la capacidad de discernir, de crear y de relacionarse sigue teniendo un valor que ninguna máquina replica. La segunda, que la Iglesia ha puesto en el centro de su mensaje la necesidad de preservar las voces y rostros humanos frente a la automatización.
Ante un cambio tan veloz, la tarea concreta es formarse con criterio: aprender a usar estas herramientas y, a la vez, no delegar en ellas el discernimiento. La alfabetización digital no consiste en dominar programas, sino en saber qué preguntas hacer, qué fuentes comprobar y qué lugar ocupa la persona en cada decisión. En una comunidad que valora la comunicación honesta y el encuentro, la pregunta que dejan estas voces es directa: ¿estamos usando la inteligencia artificial para servir a las personas, o convirtiéndola en un motivo para dejarlas atrás? La respuesta, como siempre, está en nuestras manos.
Referencias consultadas
- Nova Ciencia — La inteligencia artificial obliga a la universidad a reinventarse (Alberto Fernández, 31 ago. 2026): https://novaciencia.es/inteligencia-artificial-universidad/
- OkDiario / Techy — Richard Stallman critica la inteligencia artificial (Adrián Villellas, 31 ago. 2026): https://okdiario.com/techy/richard-stallman-critica-inteligencia-artificial-20199415
- NIST — Confabulación y IA (documento técnico): https://nvlpubs.nist.gov/nistpubs/ai/NIST.AI.600-1.pdf





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