Autor

COMFIL

28 septiembre, 2026

Desinformación: por qué es masiva y rentable, y cómo combatirla

La desinformación es masiva, rentable e impune, y la IA la abarata. Qué es, cómo detectarla y qué puede hacer un comunicador frente a ella.

Desinformación: por qué es masiva y rentable, y cómo combatirla

El 1 de julio de 2026, un video empezó a circular en TikTok. En él, la presidente de México, Claudia Sheinbaum, supuestamente advertía: "si México no gana hoy, Ecuador sufrirá las consecuencias". El mensaje llegaba en el momento exacto: horas después de que la selección mexicana eliminara a Ecuador del Mundial. El video superó los 3 millones de vistas antes de que se confirmara lo evidente: Sheinbaum nunca dijo eso. Era un montaje creado con inteligencia artificial.

Más que una anécdota, el caso retrata cómo funciona hoy la desinformación: rápida, barata y diseñada para circular antes de que alguien pueda detenerla. Entenderla —y saber qué hacer frente a ella— se ha vuelto una tarea central para cualquiera que comunique.

Un video que nunca existió

El clip, verificado por Factchequeado, es un deepfake: un video manipulado con IA que muestra a una persona diciendo o haciendo algo que no hizo. Dos herramientas de detección lo confirmaron. Resemble AI encontró "características de voz sintética, ausencia de microexpresiones naturales y artefactos visuales" propios de la IA; Hive Moderation calculó en 64.8% la probabilidad de que el audio hubiera sido generado por un modelo.

Lo más inquietante está en su factura: el engaño se armó con material auténtico. Las imágenes provenían de tomas reales de una conferencia matutina de la presidente, del 30 de junio, reutilizadas y puestas al servicio de una mentira. El video también fabricó un falso clip del seleccionador de Ecuador. Con material auténtico y una voz sintética, el engaño se volvió creíble. Ese es el patrón que se repite, y su escala no deja de crecer.

Una industria en expansión

Un estudio del Observatório Lupa, recogido por Agência Brasil en febrero de 2026, pone cifras al fenómeno: los contenidos falsos creados con IA en Brasil se triplicaron (+308%) entre 2024 y 2025. Los deepfakes pasaron de 39 casos —4,6% de las verificaciones— a 159, una cuarta parte del total. Casi la mitad del contenido con IA tenía sesgo ideológico, y más de tres cuartas partes usaban la imagen o la voz de personas conocidas, sobre todo líderes políticos.

La desinformación también dejó de concentrarse en un solo canal. El uso de WhatsApp para difundirla cayó de casi 90% a 46%, mientras TikTok y Kwai ganaban terreno. Hay muchas puertas de entrada, y todas apuntan a lo mismo.

El negocio del engaño

La razón de ese crecimiento tiene una lógica económica. Una columna de Carmela Ríos en El País describe cómo una página de Facebook, "Impacto de estrellas", con 32.000 seguidores, inventó la muerte de Isabel Preysler. El montaje buscaba que el usuario hiciera clic y llegara a una web externa donde empiezan a mostrarse anuncios de marcas reales. Así, el bulo se convierte en ingresos.

La desinformación, escribe Ríos, "se aferra como una garrapata a cada hecho noticioso", y la IA la volvió "buena, bonita y barata". Producir una mentira cuesta hoy casi nada y puede rendir dinero. El problema es de velocidad: muta más rápido de lo que las plataformas y las regulaciones alcanzan a responder.

Lo que propone la ONU

Frente a ese escenario, la respuesta va más allá de lo técnico. En junio de 2024, la ONU lanzó los Principios Globales para la Integridad de la Información, organizados en cinco ejes: confianza social y resiliencia; medios de comunicación independientes, libres y plurales; incentivos positivos; transparencia e investigación; y empoderamiento de las personas. El secretario general, António Guterres, lo resumió con una frase: "Nadie debería estar a merced de un algoritmo que no controla". Los principios reparten responsabilidades entre gobiernos, empresas tecnológicas, anunciantes y medios.

Infografía: los cinco principios globales de la ONU para la integridad de la información
Infografía oficial de Naciones Unidas: los cinco Principios Globales para la Integridad de la Información.

A los principios se suman los datos y la formación. Según la UNESCO, dos de cada tres creadores de contenido digital no comprueban sistemáticamente la información antes de compartirla, y el 85% de los ciudadanos está preocupado por la desinformación. La organización impulsa la alfabetización mediática con cursos como "Cómo ser una voz de confianza en línea", que en 2024 reunió a 10.500 creadores. La iniciativa Verified de la ONU, junto con wikiHow, ofrece además un curso gratuito en español para detectarla y frenarla. Y el Global Risks Report 2025 del Foro Económico Mundial confirma la magnitud: la desinformación figura entre los principales riesgos globales a corto plazo por segundo año consecutivo.

La tarea del comunicador

De todo lo anterior se desprende una tarea concreta para quien se forma en comunicación. Frente a un sistema diseñado para la velocidad, el valor de un comunicador está en la pausa: verificar antes de compartir, contrastar la fuente y la fecha, y no amplificar por emoción. Esa disciplina es, precisamente, lo que distingue al oficio.

La brecha de confianza entre los jóvenes y los medios, que ya analizamos en Periodismo y jóvenes, se agranda cuando la información circula sin verificación. La Jornada Mundial de las Comunicaciones lo planteó como una tarea: preservar las voces y los rostros humanos. Entender cómo funcionan las redes es parte del oficio, y la comunicación como servicio a las personas —la intuición de Santiago Alberione— sigue siendo el criterio para distinguir informar de manipular.

Cada video falso que se comparte sin verificar es una pequeña derrota de esa tarea. Cada verificación, una victoria silenciosa. La desinformación crece porque es barata y rápida; la respuesta, en cambio, exige tiempo y criterio. Formarlos es, hoy, una de las formas más concretas de cuidar la verdad.

Preguntas frecuentes

¿Qué diferencia hay entre desinformación e información errónea?

La desinformación es falsa y se difunde con intención de engañar; la información errónea puede ser falsa sin mala fe. El curso de la ONU enseña a distinguirlas.

¿Qué es un deepfake?

Es un video, audio o imagen creado o manipulado con inteligencia artificial que imita con realismo la apariencia o la voz de una persona. Puede usarse para entretener, pero también para desinformar.

¿Cómo detecto una noticia falsa?

Haz una pausa antes de compartir; verifica la fuente original y la fecha; desconfía del contenido que busca provocar miedo o ira para que lo difundas sin comprobarlo. Ante un video, busca señales de IA (audio sintético, falta de naturalidad) y haz una búsqueda inversa de las imágenes.

Referencias consultadas

  • ONU, Principios Globales para la Integridad de la Información: https://www.un.org/es/information-integrity
  • UNESCO, Alfabetización Mediática e Informacional: https://www.unesco.org/es/media-information-literacy
  • Curso ONU Verified + wikiHow: https://es.wikihow.com/Curso/C%C3%B3mo-Detectar-y-Combatir-la-Desinformaci%C3%B3n-en-Internet

Resumen con IA
Autor

COMFIL

El Instituto de Comunicación y Filosofía forma integralmente profesionales de la comunicación con capacidad crítica y creativa, para que construyan y desarrollen proyectos de comunicación con verdadero impacto social y promoción de la dignidad humana.

0 Comentarios

Enviar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *