La Sociedad de San Pablo


Un poco de historia…
Una fecha que los paulinos de México pueden registrar en sus memorias es la del 25 de mayo de 1946. Había terminado la Segunda Guerra Mundial. El Padre Santiago Alberione, siempre emprendedor, se dispuso a viajar a los Estados Unidos. En la cabina que le asignaron en la nave Andrea Gritti, que estaba por hacer el recorrido de Nápoles a Nueva York, le manifestó al joven sacerdote Hugo Zecchín su convicción sobre la urgencia de una librería internacional en Italia, y sobre la oportunidad de hacer llegar la Sociedad de San Pablo a tierras mexicanas.
Luego de ese viaje, en España, el Fundador de la Familia Paulina le mandí al padre Hugo este papelito escrito a lápiz:
“Querido Padre Zecchín:
Me han parecido muy buenas las diversas normas que has escrito en el –pro-memoria– relativo al centro librero internacional. Ya hablaremos de eso más adelante, si el Señor así lo dispone; mientras tanto, te aconsejo aceptar la misión en México. Pídele al Maestro Giaccardo que te asigne dos discípulos y parte cuanto antes, acompañado por San Pablo, precedido por la Reina de los Apóstoles, en el intento de cumplir con el divino mandato… Yo te bendigo; parte en paz y con mi más amplia bendición.
Afectísimo S. Alberione. ¡Pronto esa partida!
Resulta que, en mayo de 1946, el candidato a concretar ese anhelo enfermó gravemente; hasta se llegó a pensar que no lograría sobrevivir. Sin embargo, pudo curarse gracias a la bondad de Dios y una oportuna dosis de penicilina llegada providencialmente.
Los trámites para entrar a México no eran fáciles. Que un sacerdote extranjero solicitara el permiso para entrar al país en esos años era un gran error que el padre Hugo cometió, presentándose de este modo a la embajada mexicana en Roma. A pesar de la buena disposición del licenciado Armendáriz del Castillo, el permiso tardaba; algo que molestaba al Padre Alberione, el cual le dijo al padre Hugo medio bromeando: “Si de veras tuvieras ganas de ir, no te detendrías en tantas dificultades… Subirías en un avión de línea y, sobrevolando el territorio mexicano, te lanzarías con el paracaídas en algún lugar solitario…”.
Después de múltiples intentonas y papeleos en la embajada de México en Roma, y tras haber rehecho su pasaporte con fotografía en traje de civil, logró un camino para el ingreso: entrar como candidato a estudiar filosofía y letras en la universidad. Así pues, con el terreno aparentemente allanado, el día 25 de enero de 1947, conversión de San Pablo, el padre Hugo, acompañado por el hermano Domingo Alberti, partió en viaje aéreo hacia Nueva York.
Hacia las 4 de la tarde del 26 de enero de 1947, el avión tocó tierra en el aeropuerto “La Guardia”, de Nueva York. Los iniciadores de la obra paulina en México, a pesar de sus varias dificultades para hacerse entender, lograron tomar un ferry que los condujo a Staten Island, donde residían los paulinos de la región. Cuando el ferry tocó la isla, reconocieron al padre Borrano, juntamente con el padre Pettinati, quienes los estaban esperando.
Los trámites para el ingreso a México no estaban concluidos y había que esperar el aviso de que ya era un hecho seguro correspondiente el permiso. No fue sino hasta el 16 de marzo del mismo año, después de otras tantas dificultades, que el padre Hugo pisó suelo mexicano en la frontera con Estados Unidos, precisamente en Ciudad Juárez.
El padre Hugo viajó de Ciudad Juárez a México, D.F. el 3 de mayo de 1947. Hizo el viaje en avión, con un boleto que le compraron sus amigos de la ciudad fronteriza, y llevando consigo unos cuantos pesos, fruto de la venta de algunas imágenes y medalla que le habían llegado de Italia. Los vuelos de entonces eran menos veloces que en nuestro tiempo: fue un viaje de siete horas, con dos escalas intermedias.
Después de varias objeciones del destino y dificultades de gran peso, el padre Hugo logró instalarse en una casita de la calle Giotto, en Mixcoac, donde compraron la primera máquina de escribir con la que comenzarían, en concreto, la obra paulina en México.
Durante la década de los 50, se fueron haciendo de una casa en Taxqueña (residencia actual de los paulinos y donde se encuentra el Instituto de Comunicación y Filosofía). Para cuando cambiaron de residencia a Taxqueña, contaban ya con alrededor de 80 aspirantes paulinos, y los números seguían creciendo, al igual que la obra.
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Formandos de la primera hora en México, casa Mixcoac.
Los orígenes del Comfil
Una vez ordenado sacerdote en Roma, el 30 de junio de 1965, el P. Juan Manuel Galaviz, habiendo regresado a México y quedando inscrito en la Universidad Iberoamericana, su inscripción lo llevó a entender todavía más lo importante que era que los aspirantes del país tuvieran estudios oficiales que les abrieran las puertas a los niveles universitarios.
En cuanto a los estudios de filosofía y otras materias previas a la teología u otros programas específicos, desde mediados de los años setenta se puso en acto una programación de estudios rica y variada de contenidos: además de los tratados de filosofía, se puso mucho énfasis en los estudios literarios y en la redacción y se fueron añadiendo materias más relacionadas con la comunicación, como: lectura y crítica, periodismo y sociología. Poco a poco se fue integrando un tronco de materias que armonizaba distintas áreas: lingüístico-literaria, filosófica, sociológica, y la específica de comunicación.
El Instituto de Comunicación y Filosofía (Comfil), nació primero con la denominación de Instituto Paulino de Comunicación (ipc), el 17 de agosto de 1987. Con su actual denominación dio comienzo formal al obtener reconocimiento oficial por parte de la Secretaría de Educación Pública de México el 21 de mayo de 1993, con Acuerdo de la SEP: 00933445, y con Clave Internacional de Profesiones: DGES-096018400301.
A nivel de Congregación, el Comfil tiene el récord de haber sido la primera institución paulina de enseñanza en obtener la categoría de la facultad universitaria. Pero más importante que este récord es el bien cumplido y que está destinada a seguir cumpliendo. El distintivo del Comfil está en su enfoque interdisciplinar y en el estudio de la comunicación como fenómeno y no únicamente el de sus medios y leyes específicas. Es considerable también el servicio que el Instituto presta con los cursos de verano que organiza anualmente, además de los cursos ordinarios de licenciatura. Los cursos de verano tienen un enfoque más marcadamente pastoral y de ellos se han beneficiado los numerosos agentes de pastoral y responsables de comunicación en los distintos estados de la república.
Los cursos de verano comenzaron desde antes que el Comfil tuviera reconocimiento oficial. Concretamente, en el verano de 1984. Nacieron con el título de “Talleres de Comunicación para evangelizar”. En el taller de 1984 los participantes fueron personas procedentes de 19 diócesis de México.


Las Librerías San Pablo son una ópera de la Sociedad de San Pablo y tienen como objetivo ser centros de difusión de la Palabra de Dios, lugares de encuentro con la fe y la cultura y centros de evangelización integral.

Librerías Paulinas
Librerías Paulinas
Librerías Paulinas


Si de veras tuvieras ganas de ir, no te detendrías en tantas dificultades… Subirías en un avión de línea y, sobrevolando el territorio mexicano, te lanzarías con el paracaídas en algún lugar solitario…”.

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El P. Alberione junto con los primeros profesos de México.
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Padre Hugo Zecchín.
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P. Hugo Zecchín.
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Casa Mixcoac
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Casa Mixcoac
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Aspirantes durante el apostolado
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Con una de las primeras máquinas del taller.
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El P. Hugo Zecchín con el Dr. Alfredo Obragón
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Casa Mixcoac
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Construcción de la capilla “Reina de los apóstoles”
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Casa Taxqueña en sus inicios
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El Instituto de Comunicación y Filosofía en la actualidad